Llegar al interior de una persona no es fácil. Para hacerlo, no suele haber atajos, hemos de recorrer un laberinto lleno de líneas que en la mayoría de las ocasiones nos llevan a pasillos sin salida. Creo que nos pasamos la vida trazando líneas...
La línea que separa lo que no sabemos de lo que no nos importa.
La línea que separa lo que no nos importa de lo que sí.
Un pasillo sin salida.
La línea que separa lo que queremos de lo que necesitamos.
La línea que separa lo que necesitamos de lo que conseguimos.
La línea que separa lo que conseguimos de lo que no.
Otro pasillo sin salida.
La línea que separa lo difícil de lo fácil.
La línea que separa el error del aprendizaje.
La línea que separa el intentarlo de nuevo de desistir.
Otro pasillo sin salida.
La línea que separa los hechos de las palabras.
La línea que separa las palabras de las intenciones.
La línea que separa las buenas intenciones de las malas.
Otro pasillo sin salida.
La línea que separa la amistad del cariño.
La línea que separa el cariño del amor.
La línea que separa el amor del sexo.
Otro pasillo sin salida.
La línea que separa la verdad de la mentira.
La línea que separa la mentira de la decepción.
La línea que separa la decepción de la confianza.
Otro pasillo sin salida.
La línea que separa la nostalgia del olvido.
La línea que separa el olvido de la indiferencia.
La línea que separa la indiferencia del rencor.
La línea que separa el rencor del perdón.
Otro pasillo sin salida.
La línea que separa nuestros defectos de nuestras virtudes.
La línea que separa nuestros aciertos de nuestros errores.
La línea que separa el rechazo de una segunda oportunidad.
Otro pasillo sin salida.
La línea que separa lo que fuimos de lo que somos.
La línea que separa lo que somos de lo que seremos.
No me resulta extraño que sea tan difícil llegar a algunas personas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario