Al grito unísono de -¡Aayyy!- chocaron bruscamente. Sus miradas se cruzaron cargadas de rabia al tiempo que se reprimían gritar -¿por qué no miras por dónde andas?-. Cuando parecía que la única salida posible a esa situación era enzarzarse en una absurda discusión o pelea, uno de ellos dijo avergonzado:
-Disculpa... iba tan distraído que no te he visto. ¿Estás bien?
-Sí, no te preocupes, también ha sido culpa mía... ¿tú estás bien?
-Sí, gracias, y de verdad lo siento...
-Tranquilo, y perdona...
Y así, sin saber que más decir, y transformando aquellas miradas asesinas en dos sonrisas ridículas, ambos recogieron sus teléfonos móviles del suelo y continuaron cada uno su camino con la cabeza erguida y mirando al frente... al menos hasta que les llegara otro whatsapp.
No hay comentarios:
Publicar un comentario