jueves, 27 de febrero de 2014

Dos son pareja, tres multitud.

La cita iba de maravilla. El restaurante era precioso y la comida estaba resultando deliciosa. El ambiente era casi perfecto, apenas había 10 personas y además estaban lo suficientemente distanciadas como para que la velada resultase íntima. Una suave luz procedente de varias velas colocadas sobre las mesas, iluminaban suavemente el comedor. De fondo sonaba la dulce melodía de un piano, mezclada con un suave murmullo y alguna que otra risa. En definitiva, todo iba sobre ruedas para que aquella se convirtiese en la mejor primera cita de los últimos años.
De repente, sonó un bip. Ella, abrió su bolso y rápidamente sacó su teléfono móvil. Deslizó el dedo sobre la pantalla dibujando una extraña figura y casi de inmediato, con la luminosidad de la pantalla, apareció en su rostro una sonrisa picarona a la que siguió un rápido movimiento de pulgares. Una leve pausa... y un movimiento de pulgares. Otra leve pausa... y movimiento de pulgares. Pausa... movimiento de pulgares. Pausa... movimiento de pulgares...
Cuando finalmente aquella sucesión de pausas y pulsaciones terminó y se dispuso a guardar el teléfono en su bolso para volver a centrar su atención en el restaurante, su rostro cambió nuevamente. En esta ocasión, aquella sonrisa picarona que había mantenido mientras conversaba por teléfono, desapareció por completo. Pocas personas son capaces de seguir sonriendo cuando se dan cuenta de que las han dejado solas en un restaurante... y por supuesto, con la cuenta sin pagar.

domingo, 23 de febrero de 2014

Vivir es cambiar.

No hay mañana en la que nos levantemos siendo los mismos que el día anterior. Y es que vivir es cambiar. Cambiamos constantemente. Todos. Sí, nosotros también. Que parece que sólo cambian los demás. Ya lo decía la Biblia, es fácil ver la paja en el ojo ajeno pero es difícil verla en el propio. Yo no hay día en el que no me sienta diferente. A veces hasta siento nostalgia de lo que era... menos mal que se me pasa enseguida. En cierto modo, porque creo que lo que fui también forma parte de lo que soy. Ya no lucho por no cambiar, solo intento cambiar lo menos posible; pero siempre con la consciencia de que no puedo dejar de cambiar constantemente, al menos mientras viva. Bendito el día en que comprendí que vivimos dando saltos entre lo que fuimos, lo que somos y lo que vamos a ser. Por esa sencilla razón, no hay que aferrarse demasiado al pasado ni al presente, ya que nada volverá a ser igual que era ni es. Y por suerte nadie puede aferrarse a un futuro incierto. 
Machado decía que todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar... Para mí, lo nuestro es cambiar. 

Intentemos cambiar a mejor.