domingo, 23 de febrero de 2014

Vivir es cambiar.

No hay mañana en la que nos levantemos siendo los mismos que el día anterior. Y es que vivir es cambiar. Cambiamos constantemente. Todos. Sí, nosotros también. Que parece que sólo cambian los demás. Ya lo decía la Biblia, es fácil ver la paja en el ojo ajeno pero es difícil verla en el propio. Yo no hay día en el que no me sienta diferente. A veces hasta siento nostalgia de lo que era... menos mal que se me pasa enseguida. En cierto modo, porque creo que lo que fui también forma parte de lo que soy. Ya no lucho por no cambiar, solo intento cambiar lo menos posible; pero siempre con la consciencia de que no puedo dejar de cambiar constantemente, al menos mientras viva. Bendito el día en que comprendí que vivimos dando saltos entre lo que fuimos, lo que somos y lo que vamos a ser. Por esa sencilla razón, no hay que aferrarse demasiado al pasado ni al presente, ya que nada volverá a ser igual que era ni es. Y por suerte nadie puede aferrarse a un futuro incierto. 
Machado decía que todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar... Para mí, lo nuestro es cambiar. 

Intentemos cambiar a mejor.

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