En medio de aquella absurda discusión le dijo cosas que, quizás, ni sentía ni pensaba. Cuando eso sucede, las palabras duelen. Y mucho. Había perdido por completo los papeles y terminó gritándole que se marchara y le olvidara para siempre. No se le pasó por la cabeza que, por primera y última vez, se tomaría sus palabras al pie de la letra.
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