Cada noche soñaba con aquel momento. Se perdía entre palabras y frases para crear la declaración de amor más maravillosa que jamás hubiese existido. Imaginaba el instante en que tomaba su mano y pronunciaba parte de esas hermosas palabras, ya que nunca las terminaba, porque eran silenciadas por un beso. Para él, imaginarlo era suficiente. Para ella, hubiese sido suficiente un simple y sincero "te quiero".
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