viernes, 15 de agosto de 2014

Días que te marcan

Debido a la velocidad que llevaba, tras el golpe salí despedido y caí de espaldas a unos tres metros del lugar del impacto. Si hay algo que nunca olvidaré es aquel intenso olor a sangre y ver como el mundo se teñía poco a poco de rojo al igual que el inicio de una película de 007. 
Hoy hace 16 años, pero sigue pareciéndome que fue ayer. Guardo muchas imágenes que se grabaron a fuego en  mi memoria: 
Mi sangre cayendo al suelo. 
El cobarde que huyó. 
Los valientes que se quedaron. 
El que pidió auxilio. 
Saltar aquella valla.
La gente que me miraba por la calle.
La sala de urgencias.
Las cuchillas con que me afeitaron. 
La aguja que entraba y salía de mi cabeza. 
Aquel extraño hilo negro. 
Mis padres con los ojos llenos de lágrimas. 
Las caras asustadas de mis amigos. 
La mirada de preocupación del médico. 
El techo de la ambulancia.
El hospital.
Las radiografías de mi cráneo. 
El nudo de mi medalla. 
El significado de TCE. 
Tener que estar en ayunas. 
El hambre.
Las preguntas que me repetían cada 30 minutos. 
El miedo a no poder contestarlas. 
La vuelta a casa. 
Las visitas de mi familia. 
Sus caras. 
La primera vez que me miré al espejo. 
Mi cara. 
Mis amigos. 
Entre ellos, Shasha.
La diadema de antenas.
Y darle vueltas y vueltas a todo esto al acostarme.

Curiosamente, aquel fue el día de feria que nunca podré olvidar. Y es que hay días que te marcan. A veces literalmente.





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