Hoy no estoy aquí para contaros una historia. Hoy me siento delante de esta hoja en blanco porque ha llegado hasta mí una historia. Una historia que me obliga a recordaros a todos/as que sois personas con suerte. Y sí, sé que lo sabéis, pero como ya he dicho, para mí es una obligación.
Por desgracia para vosotros no me siento preparado (ni creo que lo haga) para ni si quiera intentar escribir parte de esa historia, al menos como se merece. También por respeto, ya que ella vino a mí y no sé si querría llegar hasta vosotros/as... Por todo esto prefiero guardármela en el lugar hasta dónde es a veces tan difícil llegar, y dejarla allí junto a los cimientos que tambaleó con tanta fuerza. Seguro que ahora me ayudará a sostenerme... O al menos, ¿eso decía Nietzche no? Lo que no te mata, te hace más fuerte.
Bueno, pues ya sabéis lo que no os voy a contar. Ahora viene lo que sí. Aunque más que contar, lo que quiero hacer es recordar. Recordaros algo.
Conviven con nosotros personas a las que parece que la vida se empeña en destruir. Un derribo tras otro, sin importar las veces que se reconstruyan. Una y otra vez. Y aún así, siempre se levantan. Yo creo que nacieron con esa mala suerte, pero por compensar, también con ese don.
Conviven con nosotros personas a las que parece que la vida se empeña en destruir. Un derribo tras otro, sin importar las veces que se reconstruyan. Una y otra vez. Y aún así, siempre se levantan. Yo creo que nacieron con esa mala suerte, pero por compensar, también con ese don.
Para ti y para mí es difícil saber quiénes son, vivimos en un mundo demasiado bonito. Pero ellas seguramente, a pesar de mil y una adversidades, son capaces de tan solo con mirarte, saber exactamente qué es lo que más necesitas. Y no solo eso, encima son capaces de dártelo sin que se lo pidas... a pesar de que aquello que te dan sea posible y paradójicamente lo que ellas más necesitan... pero nunca reciben. Qué románticas son las paradojas. Y qué puta mierda. Por eso creo que nadie debería contar nunca a nadie aquel cuento de que la vida puede ser maravillosa, porque si lo escucha alguna de estas personas, lo mismo hasta se ofenden. Y lo harían con razón, porque dónde tú ves un "puede ser maravillosa", ellas tienen la certeza de que la vida es "un maldito infierno". Y a pesar de ello, harán que probablemente tú nunca te enteres. Ni de lo que ellas saben, ni de lo que puede ser la vida.
Lo que más me jode de todo esto es que a pesar de que lo sabemos, y somos conscientes de las injusticias que padecen muchas buenas personas que no lo merecen, casi todos miramos para otro lado... Eso sí, ante cualquier mierda que nos pasa, sí que sabemos quejarnos y lamentarnos, porque qué grandes son las desgracias en nuestra vida... y qué pequeñas en la de los demás. Ya hay que ser egoísta. Y sin ánimo de ofender, hasta gilipollas. Pero tranquilos/as, alguien que viva en nuestra misma posición de privilegio, o quizás nosotros mismos, nos regalará pensamientos del tipo "quejarse o lamentarse es gratis, pero la mejor opción en seguir mirando hacia delante y prepararnos para lo que está por venir". A mí esto me hace gracia, cuando la mayoría no tenemos ni puta idea de lo que realmente es que la vida te dé una buena hostia.
Perdonad si hoy mis letras tienen otro carácter. En esta ocasión debía ser así.
A la historia que tambaleó mis cimientos. Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario