Era un experto en la manipulación y el engaño. Un ser sin escrúpulos. Disfrutaba haciéndose la víctima, convirtiendo en creíbles historias increíbles, persuadiendo a la gente en su beneficio, o incriminando a otros para evadir su culpa.
Esa actitud le ayudaba a sentirse seguro. A sentirse bien. Hasta que un día, por suerte o por desgracia, conoció a alguien que hacía todo eso mejor que él. Y así, tomando su misma medicina, aprendió que por muy bueno que seas en algo; siempre puede haber alguien mejor que tú.
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