No importaba cuántas veces cayese. Siempre se levantaba para volverlo a intentar una y otra vez. Caía y se levantaba. Caía y se levantaba. Caía y se levantaba... Pero un día cayó, y no se levantó. Se dio por vencido, porque había comprendido que aunque luches por algo con todas tus fuerzas, si crees que no hay nada que perder es porque seguramente tampoco hay nada que ganar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario