Se había maquillado atractiva y sensual. Llevaba el pelo suelto, con un peinado seductor y a la vez natural. En su piel relucía una fina capa de aceite y su cuerpo desprendía un aroma dulce y fresco. ¿Qué importaba que fuesen las 12:00 de la mañana de un martes? A ella le encantaba sentirse guapa, y además, el butanero estaba a punto de llegar.
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