Los tenedores eran coches, y las cucharas camiones. Así era como los niños, tirados por el suelo en la esquina del salón, jugaban y daban rienda suelta a su imaginación. En la mesa, sus padres charlaban mientras tomaban tranquilamente una copa después de la cena.
Entonces, la madre de uno de los niños, al ver lo que estaban haciendo, les dijo:
-Niños, no se os ocurra meter el tenedor en el enchufe...
Segundos después, la casa quedó oscura. Habían saltado los plomos.
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