Tan sólo se escuchaba de fondo el desagradable ruido de alguna de esas herramientas que utilizan los dentistas. Ni una sola palabra, ninguna conversación. Compartían sala dos jóvenes absortos en profundas conversaciones mantenidas a través del chat de sus teléfonos móviles. A su lado, sus madres, inmersas en una trama de cotilleos e historias de corazón escritas en una revista. También había una niña pequeña que tímidamente balanceaba los pies. Junto a ella, su padre, que aunque estaba allí de cuerpo presente, seguro tenía la mente en otro sitio. La escena la completaba una chica que, por lo que reflejaba sus rostro, se preguntaba en qué momento las personas habíamos llegado a ese extremo... De repente se rompió ese silencio por una voz que provenía desde fuera de la sala y pronunciaba un nombre. Era el turno del siguiente.
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