Desde aquel día, tenía la extraña sensación de despertar junto a un extraño. Por eso, su única ilusión era que todo volviese ser como antes del accidente. No podía dejar de repetirse las últimas palabras que le dijo cuando aún la reconocía, segundos antes de que el coche se saliese de la carretera:
"No corras tanto mi amor."
Lo único que le mantenía junto a él era descubrir cada mañana en sus ojos la misma mirada que el día en que se conocieron.
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