Y en aquella esquina, triste y sola, la prostituta no paraba de llorar y llorar. Entonces pasó por allí una de estas personas que no se queda impasible ante el dolor de los demás. Se detuvo junto a ella y le preguntó:
-¿Por qué llora señorita? ¿Le ocurre algo? ¿Se encuentra bien? ¿Puedo ayudarte en algo?
-El polvo son 50. La mamada 30.
El hombre, sorprendido y extrañado, le respondió:
-No, lo siento... me ha malinterpretado señorita. Al verla llorar me he interesado por usted por si podía ayudarle...
-No entiendo mucho señor, pero una compañera me ha dicho que quien no llora, no mama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario