Le había escrito decenas de cartas de amor y no le importaba no recibir respuesta. Seguiría haciéndolo todas las semanas, ya que se encontraba mucho mejor cuando expresaba todo lo que sentía. No recibir respuesta le parecía aún más romántico. Era como esas películas donde los amantes se escriben cartas de amor, pero por algún motivo esas cartas nunca llegan a su destino. En este caso, es seguro que estas cartas nunca serán leídas, al menos mientras mantenga la costumbre de arrojarlas al fuego tras escribirlas.
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