De repente los niños empezaron a gritar:
-¡Paco está llorando! ¡Paco está llorando!
Como aquel juego no entrañaba peligro, el maestro algo asustado, se acercó rápidamente y le preguntó:
-¿Qué te ha pasado Paco? ¿Por qué lloras?
-No me ha pasado nada... estoy llorando porque me lo estoy pasando muy bien.
Al niño que me enseñó que también se puede llorar de felicidad.
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