domingo, 30 de diciembre de 2012

Amor de discoteca.

Bailaban el uno para el otro. Tan cerca que a veces sus espaldas se rozaban cuando les sonrojaba mantener fija la mirada sin regalarse la mejor y más ebria de sus sonrisas. A la espera de encontrar las palabras con la que dejar de ser dos extraños, su historia terminó al alba, cuando dejó de sonar la música.

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